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Terra
La Coctelera

Cómo lavar la ropa en una lavandería que tiene una empleada difícil

A veces, la lavadora en el piso se va a estropear, pero ninguna de tus compañeras te avisará de esto antes de que ya hayas metido la ropa en la máquina y la hayas encendido. Después de que pasen 30 minutos, todas las compañeras te van a avisar de que la lavadora está rota porque no se quita el agua y porque tampoco limpia la ropa bien. Entonces, al oír esto, tendrás que sacar la ropa de la máquina, meterla en una bolsa de plástico y andar hacia la lavandería. Tan pronto como llegues, la mujer que trabaja allí en la lavandería te va a gritar, diciendo que ya no se puede usar las máquinas porque son las 21.18 y el último lavado es a las 21.15. Tendrás que pedirle disculpas e informarle cortésmente que todavía no has metido nada en ninguna máquina, que no sabías que ya era tarde para lavar ropa, y que sólo entraste en la tienda porque dice que está abierta hasta las 23.30. Además, aunque la mujer no quiera oír la historia de otra mujer que orinó encima de tu zapato y parte de tus vaqueros en Cádiz la noche anterior, ni quiera saber que nadie te avisó de la máquina rota en tu piso hasta que ya era tarde, tendrás que decírselo para que ella pueda decidir dejarte lavar la ropa aunque sea después de las 21.15. Luego, por más que no quieras darle las gracias a esta mujer porque es bastante desagradable y no deja de gritar cuando te habla, será totalmente necesario. Como paso último, en vista de que no tendrás muchas monedas y tampoco querrás preguntarle a la mujer si tiene cambio, sea porque ella te dé un poco de susto, sea porque huela bastante mal y no quieras acercarte más a ella, tendrás que llevar la ropa mojada a casa para que se seque.



Algo inesperado

¡Qué curioso que nos quedemos atónitos cuando alguien cambia su estilo! Por ejemplo, el otro día recibí un correo electrónico inesperado y por lo tanto, un poco espantoso. Supuestamente la emisora era mi hermana mayor. Digo supuestamente porque el correo estaba goteando de sentimientos, y eso que mi hermana es una persona bastante fría. Es extremadamente inteligente e informada: te puede hablar, y bien, sobre cualquier cosa sin detenerse ni un segundo, pero, en cuanto a la expresión sentimental, prácticamente carece del arte.

Ya que estoy acostumbrada a recibir correos electrónicos de ella que tratan de sus opiniones políticas, sus estudios (estudia la medicina), sus observaciones, etc., al leer ese correo electrónico el cual he llamado espantoso, tuve que confirmar que la emisora verdadera era mi hermana. Claro que la autora no podía haber sido otra persona pues los temas del correo eran únicamente suyos, pero tuve que confirmar de todos modos, porque pensé que, a lo mejor, alguien se había equivocado en teclear la dirección deseada y, por consiguiente, su correo sentimental llegó a mi bandeja de entrada en vez del buzón de la deseada receptora. Total, sí fue mi hermana que me escribió tal correo y en eso me quedé boquiabierta. Llegando al grano, como ya dije, es interesante notar cómo nuestras percepciones generales de los demás a veces impidan que les comprendamos cuando cambian un poco.

Camuflar

Nosotros como seres humanos tenemos la maravillosa capacidad de ponernos máscaras en cualquier momento.  Sea que necesitmos fingir que tenemos mucho interés en lo que dice la abuela cuando nos cuenta la misma historia una y otra vez, sea que estemos de mal humor o tristes, pero es el día más feliz de la vida de una amiga y no queremos quitarle ni un poco de su ilusión, o sea que no aguantamos la novia del hermano pero hay que poner nuestras mejores caras, todos nos ponemos máscaras de vez en cuando.  Es algo tan normal y común que ya se ha hecho un atributo humano típico y no me molesta nada que tengamos que ponérnoslas.  Al contrario, creo que es un acto bastante digno en ciertas situaciones.  Sin embargo, este atributo me preocupa de ciertas maneras y mis preocupaciones principales quedan en lo siguiente:  ¿Hasta qué punto nos ponemos estas máscaras para conseguir el bienestar del otro y no porque tenemos miedo de ser nosotros mismos? ¿Cómo distinguir entre las distintas caras que nos ponemos durante el día y nuestras personalidades verdaderas? ¿Realmente somos individuales, o somos meros productos del sistema educativo que nos indica cómo portarnos y cuándo? A la vez que estos temas me preocupan, no busco respuestas ni fijas ni claras porque, como seres humanos, nos quedamos en el medio de toda gama: no somos ni buenos ni malos, no somos ni totalmente feminizados, ni masculinizados, sino que somos una mezcla de todo, algo que nos hace quedar en este punto medio, esta área gris tan linda que nos permite hacer cambios y cometer errores, y que nos permite ser nosotros mismos aun cuando no lo somos. 

Un dia en comun

Hoy me tocó a mi.
Desde que abrí los ojos esta mañana, sabía que el día me iba a presentar dificultades. Lo sentía en los huesos, en el estómago, y en las raices del pelo. Suponía que el hecho de que las piernas no quisieran ni moverse también era señal de que hoy iba a ser uno de estos días en los cuales siempre terminamos tumbándonos en la cama y preguntándonos qué podíamos haber hecho para merecerlo.
Me levanté a pesar de los señales, algo que siempre hacemos todos, porque tenía obligaciones, como siempre tenemos. Me fui hacia el baño para ducharme y , una vez en el pasillo, podía oír el chorro de agua de la ducha mientras caminaba. Por supuesto una compañera mía había decidido levantarse y ducharse media hora más temprano que solía hacer. Tenemos un horario porque somos cinco y no podemos ducharnos a cualquier hora, pero bueno, esta mañana mi compañera pensaba que no pasaría nada si se ducahara durante parte de la media hora "mía". No hace falta decir ( pero lo digo igual) que tuve que ducharme con mucha prisa cuando al final ella salió del baño.
Luego, en camino a la universidad, empezaba a llover y no había llevado conmigo el paraguas. Además, llevaba zapatos finos y tenía los pies totalmente mojados y congelados después de 2 o 3 minutos. Tropecé con la acera dos veces, es decir, tropecé con absolutemente nada dos veces, y pisé en el pie de un desconocido quien luego quería compartir su opinión de mi en voz alta.
Al llegar a la universidad ya estaba harta del día, pero tuve que aguantarlo de todos modos.
No os aburro con más detalles porque supongo que todos podéis imaginar cómo me fue, porque realmente no era un día singular que me pasó a mi sino EL día que nos pasa a todos, y como ya os dije antes, sólo es que ,hoy, me tocó a mi.

La gente se vuelve loca con un poco de calor

Como soy de Connecticut, un estado en el cual hace bastante frío durante el invierno, entiendo lo que es volverse un poco loco en un momento en que haga más calor que lo normal, pero en mi vida pensaba que la gente de Andalucía haría igual pues están acostumbrados al calor. Por eso suponía que no aguantarían mucho frío. Al contrario.
Este finde me fui a Huelva porque echaba de menos el mar y la playa ( y porque ya estuve en Sevilla, de visita y Huelva está muy cerca). Pensaba que nadie estaría allá debido al hecho de que es un pueblo de verano y normalemente no hay muchas personas que no sean habitantes durante el invierno.
¡¡Que sorpresa al ver la playa totalmente poblada!! Todo el mundo tenía el bañador puesto y había unas cuantas personas que se habían metido en el agua. Ni yo tenía ganas de ponerme el bañador, aunque sea de CT y me considero una persona que aguanta mucho frío. Sí, hacía más calor que lo usual pero tampoco hacía calor suficiente para bañarse. Me quedé de piedra, no por estar asustada, sino por no poder comprender lo que veía.
Cuando entré en un hotel para ver si había habitaciones disponibles, el señor que me atendió me dijo que no había ninguna habitación disponible, ni una sin vistas al mar.
-Que fuerte, ¿no? -me preguntó -Estamos en pleno invierno y el hotel está llena... La gente se vuelve loca con un poco de calor.
A pesar de que me parece normal irse a la playa en invierno, porque este tipo de escenario natural puede tranquilizar a la gente, creo que en este caso, ese señor tenía toda la razón.