Como soy de Connecticut, un estado en el cual hace bastante frío durante el invierno, entiendo lo que es volverse un poco loco en un momento en que haga más calor que lo normal, pero en mi vida pensaba que la gente de Andalucía haría igual pues están acostumbrados al calor. Por eso suponía que no aguantarían mucho frío. Al contrario.
Este finde me fui a Huelva porque echaba de menos el mar y la playa ( y porque ya estuve en Sevilla, de visita y Huelva está muy cerca). Pensaba que nadie estaría allá debido al hecho de que es un pueblo de verano y normalemente no hay muchas personas que no sean habitantes durante el invierno.
¡¡Que sorpresa al ver la playa totalmente poblada!! Todo el mundo tenía el bañador puesto y había unas cuantas personas que se habían metido en el agua. Ni yo tenía ganas de ponerme el bañador, aunque sea de CT y me considero una persona que aguanta mucho frío. Sí, hacía más calor que lo usual pero tampoco hacía calor suficiente para bañarse. Me quedé de piedra, no por estar asustada, sino por no poder comprender lo que veía.
Cuando entré en un hotel para ver si había habitaciones disponibles, el señor que me atendió me dijo que no había ninguna habitación disponible, ni una sin vistas al mar.
-Que fuerte, ¿no? -me preguntó -Estamos en pleno invierno y el hotel está llena... La gente se vuelve loca con un poco de calor.
A pesar de que me parece normal irse a la playa en invierno, porque este tipo de escenario natural puede tranquilizar a la gente, creo que en este caso, ese señor tenía toda la razón.
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De acuerdo, allie. Te cuento una historia mía, la cual tiene que ver con la tuya. El semestre pasado fui a San Sebastian un fin de semana en noviembre, una temporada en la cual hace bastane frío y niebla allí en el norte. No hice ninguna reservación antes de irme porque pensaba 1) no hay fiesta 2) es la temporada baja 3) y hace mal tiempo. Después del partido de hockey a la medianoche fui buscando alojamiento en el centro de la ciudad. No encontré nada. Todos los hostales y los hoteles estaban completos, inclusive los de cuatro y cinco estrellas. No lo pude creer. Al fin y al cabo encontré lugar en que podía quedarme (esta es otra historia entera). Pues ya, el día siguiente, la Playa de la Concha estaba llenísima de personas y yo, llevando una chaqueta, en mi vida me habría metido el pie en el agua. Total, tuvimos experiencas con la gente norteña y del sur y su clara aficción con el agua.
Por cierto, te comprendo en cuanto a nuestra (tú siendo de CT y yo de WI, los norteños que somos) habilidad, aunque suela parecer rara a unos, de aguantar el frío. Sin embargo, al pensar en los andaluces que llevaban bañadores en pleno invierno, me hizo pensar en los que a mí me parecen aún más extraños, los que van tirándose a la piscina en los lagos congelados. ¡Jodín! ¿Cómo se llamaban? Ah sí, "los osos polares." Bueno, no creo que los andaluces y los vascos fueran tan locos como esos osos polares, pero de todas formas, sí que eran especiales de su propia manera, quizá una manera que sea puramente española.
Pues a mí también me ha sorpredido un poco lo del personal en la playa en esta época del año. Pero, pensándolo bien, lo cierto es que ya no te puedes fiar del tiempo -atmosférico o cronológico-. Vayas donde vayas, todo está lleno de gente. ¿Dónde están los lugares solitarios?
Pero, ¿estás segura que toda la gente que estaba en la playa eran andaluces? Es que en algunos sitios los "guiris" (alemanes, británicos, suecos, etc.) son famosos por volverse locos cuando hay un poco de calor e irse a meter en el mar cuando los españoles o la "gente normal" no lo harían para nada. No obstante, creo que a algunos nos emociona un poco el que haga calor tan pronto en el año y la primavera comience ya. Globalmente hablando reconozco que puede ser una mala señal del calentamiento global, pero eso no quita que disfruto del calorcito y del invierno más suave.
saludos,
Lena