Como soy de Connecticut, un estado en el cual hace bastante frío durante el invierno, entiendo lo que es volverse un poco loco en un momento en que haga más calor que lo normal, pero en mi vida pensaba que la gente de Andalucía haría igual pues están acostumbrados al calor. Por eso suponía que no aguantarían mucho frío. Al contrario.
Este finde me fui a Huelva porque echaba de menos el mar y la playa ( y porque ya estuve en Sevilla, de visita y Huelva está muy cerca). Pensaba que nadie estaría allá debido al hecho de que es un pueblo de verano y normalemente no hay muchas personas que no sean habitantes durante el invierno.
¡¡Que sorpresa al ver la playa totalmente poblada!! Todo el mundo tenía el bañador puesto y había unas cuantas personas que se habían metido en el agua. Ni yo tenía ganas de ponerme el bañador, aunque sea de CT y me considero una persona que aguanta mucho frío. Sí, hacía más calor que lo usual pero tampoco hacía calor suficiente para bañarse. Me quedé de piedra, no por estar asustada, sino por no poder comprender lo que veía.
Cuando entré en un hotel para ver si había habitaciones disponibles, el señor que me atendió me dijo que no había ninguna habitación disponible, ni una sin vistas al mar.
-Que fuerte, ¿no? -me preguntó -Estamos en pleno invierno y el hotel está llena... La gente se vuelve loca con un poco de calor.
A pesar de que me parece normal irse a la playa en invierno, porque este tipo de escenario natural puede tranquilizar a la gente, creo que en este caso, ese señor tenía toda la razón.